miércoles, 5 de diciembre de 2012
Un amigo inmenso
El cielo se llena de paraguas cuando lo miras con tus ojos desolados, silenciosamente se da cuenta que en tu cabeza y en tu corazón está ocurriendo una tormenta.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Ocaso de ti
jueves, 11 de octubre de 2012
Sueña y deja soñar
miércoles, 10 de octubre de 2012
Etérea
lunes, 1 de octubre de 2012
Con electrochoques si es necesario
lunes, 24 de septiembre de 2012
Miedo que detiene
domingo, 16 de septiembre de 2012
Heridas de guerra
martes, 24 de julio de 2012
Saving lives
viernes, 6 de julio de 2012
Hay cosas que sólo se les pueden contar a un extraño
martes, 3 de julio de 2012
Ambición de agua
lunes, 25 de junio de 2012
Standing on opposite sides of a river
jueves, 7 de junio de 2012
Aunque sea por un instante
jueves, 31 de mayo de 2012
Hay quienes escriben sin leer
miércoles, 23 de mayo de 2012
Rutina
miércoles, 16 de mayo de 2012
Escribir, vivir
lunes, 14 de mayo de 2012
Pérdida
Sólo pretende
miércoles, 9 de mayo de 2012
¡Aléjenme el papel y la pluma que vengo enojada!
lunes, 7 de mayo de 2012
Después de una derrota...
Después de una derrota, inexplicablemente todo conspira en nuestra contra. La brisa se torna más helada, el cielo más lejano, el silencio más intenso y las rocas mucho más duras. Luego, piensas: no es el frío lo que me eriza la piel, sino la idea de no volver a sentir calor jamás. Y sumergida en esa mierda decides ponerte a llorar porque es fácil. Sin embargo, las lágrimas sólo lavan la cara. La sonrisa purifica el espíritu.
domingo, 6 de mayo de 2012
Quiero descubrirte
viernes, 27 de abril de 2012
¿Por qué tardaste?
Había pasado tanto desde la última lluvia sobre esta ciudad que al sentirla de nuevo, mi pensamiento fue: ¿Por qué mierda tardaste tanto? ¿Por qué me tenías atrapada a merced de ese maldito verano? No quise fijarme en las gotas, no quise aspirar a todo pulmón el exquisito perfume de la tierra mojada ni imaginarme escenarios idílicos de amantes en otoño para luego escribirlos. No. No quise inspirarme. Hoy no quise creerme poeta, novelista ni cantante.
martes, 3 de abril de 2012
Inocencia de niño

Cuando era un niño todo a mi alrededor me emocionaba porque lo veía desde mi ventana.
Me imaginaba tantas cosas, tantas aventuras por el barrio, a orillas de la caleta, conversando con los pescadores.
Me atraían los lobos marinos, los perros callejeros, esa taberna en donde se refugiaban los viejos del pueblo.
Yo quería ser como ellos, lleno de historias, de chistes cochinos, de manos callosas y mirada sabia.
Yo quería salir más seguido pero mi madre siempre fue una mujer hipocondriaca que le temía a todo.
Tuve que mantenerme al margen porque ella juraba que moriría de una pulmonía en esta tierra de humedad eterna.
Me gustaba la Anita, la hija de don Ernesto, el pescador más empeñoso y de ojos color océano.
Muchas veces quería que mi papá fuera como él. Recio, enorme, de risa estridente y pecho amplio para llorar en él.
En cambio, mi viejo era de huesos débiles, ojos hundidos y dolores permanentes que calmaba con golpes de vino tinto.
Odiaba ese color. Me cargaba el morado que teñía la ropa, los labios y la lengua.
Cuando vi ese color en el rostro de mi madre, me asusté y pensé que el vino estaba contagiándola.
Seguía mirando por mi ventana. Veía pasar a la Anita con su vestido nuevo y suspiraba. Veía a don Ernesto que abraza a su mujer y la besaba.
Veía a mi papá que se empinaba la botella y que mi mamá cambiaba de color extrañamente después de sus borracheras. Yo prefería seguir mirando hacia afuera.
viernes, 30 de marzo de 2012
Poco tiempo

Tantos relojes y el tiempo se hace nada. Las horas se desperdician por el suelo como perlas de un collar roto. ¿Cómo detenernos? ¿Cómo mirarnos unos a otros si no es chocando? El sol aparece en el este y brinca sin pausas hacia el oeste. Nos deja a oscuras, llenos de estrellas que se apagan como velas una por una. El tiempo se acaba, las estaciones no aguardan, otoño, invierno, primavera y verano… invierno, verano… verano y verano. Y nada, sólo esperamos, esperamos un primer paso que no damos, esperamos un perdón que no merecemos, un amor que no cuidamos. Culpamos, para eso somos buenos, te culpo por no amarme pero no te dije que te amaba… te culpo por no estar pero no hice nada por llamarte. El tiempo se acaba, el mar se nos viene encima, la mierda nos llueve y lo único que hacemos al respecto es observar como voyeristas de nuestro propio final.
jueves, 29 de marzo de 2012
Y el chico sentía dolor...

Sentía angustia, terror y desolación. Todo lo que un ser humano experimenta en minutos de violencia. A ellos no les importó. Sólo golpeaban. Para sus mentes repletas de mierda, el chico no era más que una amenaza para la sociedad plana que conoce un ángulo, una única perspectiva. ¿Y qué hay de los antiguos astrónomos? ¿Qué hay de su valiente perspectiva de que la Tierra era redonda y no plana? ¿Por qué regirse bajo una convicción cuando puede haber varias?
El chico sentía dolor, efectivamente. Dolor humano. Estaba hecho de carne y hueso, estaba compuesto por células, por un corazón, un hígado y un par de pulmones. Tenía esperanzas, sueños y miedos como cualquier otro chico. Cuando los agresores terminaron de torturarlo, comprendieron que sí, tenía venas bajo la piel, tenía articulaciones, sensibilidades… era como ellos pero mejor a la vez. Su amor podía presentarse de distintas formas, colores, condiciones, etc. El odio en ellos, en cambio, se presentaba siempre de la misma manera asquerosa, nociva, saturada de malolientes intenciones que provocan asco.
El chico tenía vida y era tan frágil como todas las que respiran. Murió en la camilla de un hospital por amar demasiado y no amar como la mayoría. Sus agresores comprendieron otra vez que era una persona, con energía, alma y cuerpo. La sangre es roja en todas las venas y tuvieron que verla esparcida por sus manos tuberculosas para creerlo; sí, el esqueleto se rompe y el idealismo mata. Ellos esperan sentencia, un castigo impuesto a su tiempo, sin embargo los años pasan, sólo pasan… la mente retorcida, por su parte, muta, involuciona y se resiente. Cuando se cumpla la condena saldrán a la calle, pasarán por donde habían golpeado al chico, reirán, beberán una cerveza y al salir, volverán a odiar al que ama otro matriz... porque para ellos sencillamente es diferente.
Dedicado a Daniel Zamudio, que en paz descanse.
martes, 20 de marzo de 2012
Otra cosa es con lluvia

viernes, 16 de marzo de 2012
Final

Lo vio marcharse desde el balcón de su apartamento pensando en que pudo cerrar la ventana obligándose a permanecer adentro. Las malditas hojas secas que caían como vencidos soldados del verano hacían su partida mucho más novelesca y hermosa… ¿por qué hermosa?, se preguntó, y encendió un cigarrillo tratando de no perderse en musas enemigas que sólo se burlaban de ella. Miró hacia los jardines lejanos del vecindario y los rosales se movían a merced del viento estival. Todo parecía conspirar para un idílico final. Él volteó un instante para mirarla a distancia y la inevitable cinta kilométrica de los recuerdos pasó entre ellos en sólo segundos. La joven deseó que aquellos momentos vividos pudieran sacudirse de la memoria, soplarse como las hojas de un Diente de León y liberar su presencia al antojo de la brisa.
viernes, 24 de febrero de 2012
Enmascarada
Santiago se viste calladamente de otoño mientras que el sol nos azota. Pero ya lo descubrí. A mí no me engaña. Entre la sutileza del cambio en el color de las hojas está el descaro de ocurrir ante la vista y paciencia de todos, pero nadie en esta ciudad se detiene a observar, nadie se da cuenta. Yo amo el otoño, me revitaliza, me empapa de su tonalidad dorada y plateada que todo lo enciende, todo lo quema, todo lo esmalta y eso me encanta. Ya ven, con el tiempo me he puesto mucho más melancólica y busco los momentos significativos para sentirme inspirada. Ando robando minutos del tiempo sin que mis otros quehaceres pendientes se den cuenta o apurarán su expiración. Soy una escritora disfrazada, enmascarada. Quizás por eso mismo muchas veces las musas tardan en encontrarme, porque sencillamente no pueden reconocerme.
miércoles, 22 de febrero de 2012
En un país de despistados

Y empezó a temblar. No se había dado cuenta hasta ver la bola de la disco moverse como péndulo rabioso sobre su cabeza. El movimiento aumentó y no se había dado cuenta hasta que la gente comenzó a gritar y a empujarse hacia la salida. El mar se salió y no se había dado cuenta hasta recibir el muro de agua aplastando su casa. Sobre lo último no puedo culparla, jamás dieron la alarma.