viernes, 24 de febrero de 2012

Enmascarada


Santiago se viste calladamente de otoño mientras que el sol nos azota. Pero ya lo descubrí. A mí no me engaña. Entre la sutileza del cambio en el color de las hojas está el descaro de ocurrir ante la vista y paciencia de todos, pero nadie en esta ciudad se detiene a observar, nadie se da cuenta. Yo amo el otoño, me revitaliza, me empapa de su tonalidad dorada y plateada que todo lo enciende, todo lo quema, todo lo esmalta y eso me encanta. Ya ven, con el tiempo me he puesto mucho más melancólica y busco los momentos significativos para sentirme inspirada. Ando robando minutos del tiempo sin que mis otros quehaceres pendientes se den cuenta o apurarán su expiración. Soy una escritora disfrazada, enmascarada. Quizás por eso mismo muchas veces las musas tardan en encontrarme, porque sencillamente no pueden reconocerme.

2 comentarios:

Santy Almarza dijo...

Quizas las musas en estos tiempos se han cansado de gritar inspiraciones a los necios que hemos olvidado el don de escuchar.

“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”. dijo...

Las musas vuelven si abrimos la puerta