miércoles, 14 de abril de 2010

Pasado vencedor


Está igual a como la recordaba. Tantos años de ser cómplices para luego ser sólo dos personas que alguna vez se conocieron. ¿Le sonrío? ¿Qué hago? ¿Qué le digo? No quiero alterarla. Los nudillos con los cuales golpeé su puerta me seguían palpitando después de llamar. Creo que la madera quemó mi piel pero temo cortar nuestra mirada para comprobarlo. Busco desesperadamente un par de palabras con las cuales comenzar y sólo se desata una batalla infame dentro de mí. Tanto por decir y mi garganta cerrada como tubería tapada. Qué mierda. Suspiro por algún recoveco que me queda libre, que me quema, y ella nota mi nerviosismo. Practico internamente un saludo idiota: Hola, ¿Qué tal? ¿Cómo has estado?... ¿Yo? Muriendo por ti… recibiendo las noches más amargas de mi vida sobre un colchón vacío… creyendo que el techo está cada vez más cerca y las paredes más estrechas… No, no haré más que asustarla si digo eso, ya está asustada con sólo tenerme frente a ella sin aviso, detenido en su umbral como un vagabundo. Noto que la luna se eleva por encima de los cables del tendido eléctrico y me ilumina el rostro. Debo estar hecho un esperpento porque la expresión en sus ojos cambió drásticamente y desvió la mirada. Me arrepentí de no haberme afeitado…


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Desvié mi mirada por miedo a volar en pedazos como un edificio dinamitado. Esos ojos oscuros siempre me llevaban a sumergirme y perderme en ellos. Dos pozos de amor en los cuales me ahogué sin prudencia. Luego de tanto tiempo sin verlo, allí estaba, al otro lado de mi puerta y tal cual lo preservaba mi memoria, a excepción de la barba. Maldito sea. No sabía si esperar a que hablara o saludarlo casualmente: Hola, ¿Qué te trae por aquí? ¿Quieres pasar?... era una estupidez… entre los dos nada podía ser casual, ni siquiera un roce de nuestras manos: No tienes idea de lo que sufrí sin ti… no tienes idea del sofoco que me causa el recordarte… no, no puedo lanzarle todo eso a la cara. Me contengo con las sílabas colgando de mi boca. Miré la noche y la brisa perfumada por el humus se coló por mis cabellos. Me estremecí recordando tantos momentos con el hombre parado frente mí. El tiempo retrocedió su cinta de ocho milímetros devolviéndome los veinte años que tuve alguna vez a su lado. Éramos unos mocosos. A mi piel volvió la vida borrándose la marchitación que la había deteriorado. No supe si sonreírle o quedarme sin expresión por no revelarle mis arrugas…


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- Cuánto tiempo ha pasado- comentó él.
- Mucho- asintió ella. Luego, silencio, extenso y latente como la misma naturaleza.
- ¿Quieres caminar conmigo?- ella vaciló por una fracción de segundo ante la propuesta. Un telón cayó sobre su conciencia: Matrimonio, hijos, casa. Fue un insoportable ruido de tarros vacíos contra el asfalto. Suspiró para volverse sorda por unos instantes. Respondió.
- Por supuesto…


Esa noche el pasado fue mucho más fuerte que el presente…

2 comentarios:

Carmela dijo...

Me gusta como escribes.
Te seguiré encantada.
Un biquiño.

Drama Queen dijo...

*-* Tan lindo y a la vez tan confuso que ha de ser encontrarse de nuevo con ese alguien con el que alguna vez viviste y aprendiste tantas cosas.

Hermoso, Amy!