miércoles, 4 de septiembre de 2013

Avanzar




Cuando dio su opinión en aquel debate sin sentido supo que la había cagado de entrada. Si bien sabía las técnicas para no pelear al discutir, Amparo no pudo controlar esa mezcla de hastío con aguda tristeza creciente en su pecho. ¿Cómo era posible que el pasado venciera al presente de un sólo chasquido? ¿Que ese tipo de diferencias hicieran mella en las miradas amigas volviéndolas de acero? Estaba aburrida de esas conversaciones basadas en políticas setenteras, errores de hombres cegados y la mierda de un país que no conoció porque aún ni la habían gestado. Dejó el vaso de ron con coca cola sobre la mesa, apagó el resto de su cigarrillo con total elegancia y se incorporó para no seguir escuchando huevadas.

-¡No puedo creer que pienses así! ¿Y te llamas a ti misma artista?- le gritó su amigo antes de que saliera del bar. Quiso voltear para gritarle un par de puteadas pero prefirió alzar el mentón y salir a la agradable brisa de la noche veraniega.


Estaba cansada de etiquetas que ni siquiera entendía. Sólo había opinado, nada más. Estaba harta de vivir protestas en Santiago, ciudad la cual ya tenía heridas supurantes por descontentos actuales como para además insistir en abrir viejas cicatrices. Amparo tenía veinticinco años de edad, para el tema específico que discutían los jóvenes de su generación ni existían todavía. ¿Para qué seguir ese círculo vicioso? ¿Para qué alimentarse de influencias, de ideales prestados? Quería avanzar, quería pelear cosas de su propia época, luchar por la escasez del agua, los incendios forestales, la delincuencia, la perversión sexual y los malditos hijos de puta que roban con corbata. ¿Hablar del pasado cuando debo prestar atención a mi presente? Váyanse a la mierda, pensó ella. Volver a ese bar significaba retroceder, fomentar esas pelotudeces resentidas que no hacen más que anclar los barcos en la bahía o engrapar el sol al horizonte. Prefirió avanzar, subirse a un taxi en la Alameda y pintar alguna idea en su departamento de cuarenta metros cuadrados. No era mucho, pero se había esforzado por él y era suyo. 

3 comentarios:

Ricardo J. Roman dijo...

Mira, me parece muy interesante tu escrito, porque mucho se dice luchar por ideas antiguas, ¿y las actuales? Es como una suerte de anacronismo crónico. Los debates siempre suelen ser los mismos. Con distintas palabras, gestos y puntos de vista, pero al final quedan en lo mismo. Como el perro que intenta morderse la cola.

Abrazos!

Juan manuel S dijo...

Mandar a la gente a la mierda, pese a lo grosero de la forma, es un recurso que nos quieren quitar aquellos que, sin pedir permiso ni decir gracias ni por favor, nos mandan a la puta calle.
Reivindico la palabra gruesa con pensamiento fino.
Un saludo
Juan M

AnDRóMeDa dijo...

Ricardo,
Gracias por pasar y comentarme. Me da gusto que te haya parecido interesante y tienes razón, es como el perro que intenta morderse la cola y de eso ya hemos tenido suficiente.
Un beso!

Juan Manuel,
No te preocupes con las palabras gruesas, me suenan más auténticas, de todas maneras. Gracias por pasar y leerme, te mando un abrazo grande!