lunes, 13 de septiembre de 2010

La cadena de plata y el corazón partido


Hoy haré un post especial debido a un acontecimiento que me destapó el baúl de los recuerdos y mandó al carajo mi rutina del fin de semana. Ayer domingo estaba limpiando el chiquero que es mi armario y encontré entre mis cosas una joya que me dibujó una sonrisa duradera en la boca. Era una cadena de plata con un corazón partido colgando de ella. Recordé que había sido una pieza que le había regalado a cada una de mis mejores amigas en la secundaria. Cuánto tiempo había pasado desde ese día. Eché un poco la película hacia atrás y un 25 de diciembre del año 2000 me llenó la cabeza. Aquella mañana de navidad teníamos nuestro último paseo de curso a la playa El Quisco, en el litoral central. Las reuní a metros del autobús antes de partir y les entregué la cadena advirtiéndoles que no la perdieran por nada del mundo. Espero que me hayan hecho caso y cuidado con su vida.

Ahora, luego de casi diez años la foto ha cambiado. En la que está en la cabecera de este escrito aparecemos seis. Paulatinamente fuimos disminuyendo para quedar cinco y finalmente cuatro, aunque no voy a ser tan injusta, seguimos siendo cinco pero de manera intermitente. Jeannette es la chica que tiene un bebé en sus brazos, sentada al medio. Ella es quien viene y va como las golondrinas. Siempre fue complicado retenerla pero lo fue mucho más cuando se convirtió en madre, y tres veces seguidas por lo demás. Como han de suponer, su vida dio un giro total. A diferencia de los hombres, las mujeres sufrimos una transformación radical cuando una personita sale de nosotras y nos necesita por completo. Este cambio desarma y reordena las prioridades que alguna vez definimos en nuestras listas, sin siquiera pedir permiso. Los hijos consumen el tiempo y la dedicación como una llama el oxígeno. Bueno, eso es lo que dicen, yo no soy madre todavía. A Jeannette le tengo un cariño especial, no puedo dejarla ir del retrato por más que lo quiera. Fue a la primera que conocí y por lo que he aprendido en estos años, a la última que terminaré de conocer.

Entre mis amigas no era nuevo que una de nosotras fuera madre. Claudia fue la primera en serlo y bastante joven. Ella está del lado derecho de la fotografía con los pantalones a rayas. Cuando supimos de su embarazo teníamos dieciséis años y estábamos a mitad de una clase en día de semana. Fue en abril de 1999 y al ver la prueba marcando un signo positivo de color rosa sobre la mesa, mi estómago subió hasta mi garganta. Me quedé pasmada, sin palabras y con la boca seca. Estoy segura de que si me hubieran sacado una foto en ese mismo momento saldría con la mayor cara de idiota en la historia de la humanidad. Recuerdo que me enfadé con ella, no sé bien por qué, creo que vi todos los eventos, reuniones y fiestas que se perdería, ya sentía su ausencia y comencé a extrañarla con anticipación. Éramos sólo unas niñas. Claudia, con su carácter indómito y su voz segura me preguntó qué mierda me pasaba luego de no dirigirle la palabra durante todo ese día. Tuve que ser sincera, ella me lee perfectamente cuando estoy mintiendo y le dije que estaba molesta ante la noticia. Sin embargo, al pasar de los días no pude más que sentirme feliz y honrar con mayor razón mi profesada amistad hacia ella. Merecía mi apoyo ya que Clau es la incondicionalidad hecha persona.

La del suéter rojo abrazando a Claudia es María José, “Pepa” para los amigos. Creo que si me dijeran que la describiera en una sola palabra diría al instante: constancia. Siempre al lado mío. Locura que se me ocurría ella me acompañaba sin vacilar, y hasta el día de hoy es así, debo añadir. Durante una reunión hace años, la penúltima en la que estuvimos las seis juntas, nos encerramos en casa de Claudia para beber, conversar y guitarrear a nuestro antojo. Teníamos toda la noche por delante. La dueña de casa nos cocinó una cena bien contundente, nos sirvió un bajativo de no recuerdo qué y luego comenzamos el hueveo sacando el arsenal de alcohol de la nevera. Una a una fuimos cayendo como moscas. Claudia fue la primera. Bebió tanto y tan rápido esa noche que acabó con la cabeza metida en el retrete. Las demás iban huyendo silenciosamente al pasar de los vasos.
- ¿Dónde están las demás?- le pregunté a Pepa luego de un buen rato sin verlas.
- Están todas durmiendo- me dijo con cara de fastidio. Pero nosotras seguimos cantando a destajo, tomando, fumando, riendo. Continuamos el desafinado concierto hasta las seis de la mañana para después desfallecer ebrias y roncas sobre un enorme sofá cama. Pepa me ha sorprendido mucho con su fortaleza y entrega por lo que realmente le importa. No es que desconociera sus facultades, sino que a medida que hemos ido creciendo las ha acentuado de una forma admirable. Sin mencionar su nivel de ironía que adoro.

La joven que está a la izquierda y de suéter blanco es Gianinna. Curiosamente, todas nuestras apuestas estaban dirigidas a que sería ella la primera en casarse, la primera en tener familia, la primera en ser dueña de casa… la primera en convertirse en una vieja de mierda, en pocas palabras. Gianinna siempre mostró su talento innato para las tareas de la casa. Es una obsesiva compulsiva con el aseo. Si dejas una huella de pisada en su impecable piso encerado, prepárate para encontrarte cara a cara con la muerte. En ese último paseo de curso que mencioné, varias dormíamos en una pieza con dos literas. Esa habitación era algo indescriptible. Ropa por doquier, botellas de crema para el cuerpo, cara, manos, pies, hasta para el culo, ocupaban la única mesita de noche. Era lógico que Gianinna estallara en sus legendarios ataques de “Dios mío, ¿por dónde empiezo a limpiar?”. Quien ya la conoce sabe que tiene que huir y dejarla sola cuando toma una escoba. Por eso mismo, Pepa y yo, sin saber que en la habitación sucedía este terremoto de limpieza, fuimos a buscar algunas cosas para bajar a la playa. Nos detuvimos en el marco de la puerta al ver a Gianinna en cuatro patas limpiando. Nos detuvimos en seco y automáticamente nos dimos media vuelta para regresar al pasillo y escapar. Fue algo instantáneo. Lo recuerdo muy bien y no puedo evitar reírme; pero a pesar de temer a su obsesión se le quiere por eso, no sería ella sin esta característica. Hace dos años que se casó. Ahora es su oportunidad de enfocar su hacendosa energía en su casa propia, enloqueciendo a Freddy, su marido.

A un lado de Gianinna, vistiendo un suéter azul, está Carola. A ella me resulta difícil describir porque después de creerla tan cercana como las demás fue la que más distante estaba. Creí convencida que ella seguiría constante en la fotografía pero luego de un tiempo le perdimos el rastro. Me acuerdo perfectamente que cuando conversábamos y me abría su corazón- hecho poco frecuente como un eclipse solar- me decía cosas que cualquier amiga quisiera escuchar. Por otro lado, Carola tenía un sexto sentido. Eso no puedo negarlo. Tenía la capacidad de ver a través de las personas, de descifrar mensajes, miradas, gestos. Un día, en alguna clase vespertina de turno en la escuela, ella mencionó algo que me quedó dando vueltas, y creo que todavía lo hace.
- Claudia y yo somos almas antiguas… en cambio, Amanda es un alma nueva- dijo, aludiéndome al final. Aún no sé a lo que se refería con eso.
No sé qué fue lo que sucedió para que Carola se alejara y no supiéramos nada más de ella. Bueno, por un lado quizás fue porque yo dejé de buscarla. El orgullo me venció decidiendo cerrarle mi puerta. No fue por maldad, que quede claro, no me malentiendan. Les explico. Hace algunos años, después de la foto que les enseño aquí, la busqué para organizar una nueva junta en donde estuviéramos todas. La llamé varias veces, escuchando de su hermana distintas versiones de por qué no estaba en casa y de por qué no podía ir nunca a las reuniones. Creo que aburrí a la chica con mis insistencias, porque aprovechando mi último llamado me dijo que Carola le pedía mentir por ella, que ya no quería seguir juntándose porque estaba con el novio y no tenía tiempo para absolutamente nada más. Lógicamente sonó un ¡PLOP! en mi cabeza. Desde ese momento no volví a buscarla y por lo que me he enterado gracias a otras fuentes, creo que tiene un hijo y formó su familia. Espero que esté bien y feliz.

Y finalmente estoy yo, sentada a la izquierda y en el suelo- Pepa siempre bromea con que al parecer mis viejos me concibieron en el piso porque siempre que puedo me siento en él. Allí aparezco con una sonrisa reluciente. Por más que lo intente disimular soy una melancólica incurable, de la clase que desearía tener los brazos más largos y más fuertes para encerrar con ellos a mi gente y mantenerla conmigo. Soy una empalagosa que deben remojar en agua y un archivo ambulante en cuanto a sucesos que me parecen relevantes, incluso hasta los insignificantes. Tengo memoria de elefante, como dice mi amigo Danilo que en otro post contaré de él. Pasó el tiempo, inevitablemente, ya tenemos veintisiete años cada una y con distintas responsabilidades. Quizás no hemos cumplido muchos sueños de cuando éramos unas pendejas ilusas, como viajar por el mundo, ser millonarias, pasearnos en un auto último modelo, casa en la playa y tonterías como esas. Yo sólo me conformo y agradezco haberlas conocido porque cada una aportó un granito de arena en la persona que soy ahora… y darme ideas para escribir, aunque no lo sepan…

6 comentarios:

Patu dijo...

Qué suerte tienen esas chicas de tenerte de amiga! Me gustó muchísimo, lo leí de taquito.

AnDRóMeDa dijo...

Gracias, Patu, me alegra que te haya gustado, un besote enorme!!!

Anónimo dijo...

Muy bien pequenha isabel, un relato excelente de tus memorias y episodios vividos... Me dan nostalgia tus recuerdos..felicidades nuevamente... Saludos a las chicas....saludos desde el frio cerro.

Hernán Dardes dijo...

Qué plácida lectura! Linda historia la de todas. O al menos así la hacen ver tus palabras.

Anónimo dijo...

Que genial vinculo crearon, suerte tienen por conocerse, y vivir algo bakan como lo es la amistad de verdad.

se me viene a la mente el tema: Los Caminos de la Vida

Saludos NIña y felices Fiestas.

D.E.

AnDRóMeDa dijo...

Mario,
Gracias por tus palabras, me da gusto que puedas sentir esa nostalgia leyendo mis recuerdos. Un beso y cuidate mucho!

Hernán,
Me da gusto saber que ha sido una lectura agradable para ti. Espero que seas indulgente a la hora de volver a contar episodios o recuerdos q quisiera compartir.
Un abrazo y nos estaremos leyendo!


Daniel,
En verdad agradezco el tiempo que dedicas en leerme. Gracias por acompañarme en este blog de desvaríos y letras varias.
Besos y felices fiestas para ti también ;)