
- Olvidé que quería olvidarte- dijo ella.
- ¿Y por qué bebes una copa conmigo ahora?- preguntó él.
- Porque necesito acordarme del por qué.
- ¿Y por qué bebes una copa conmigo ahora?- preguntó él.
- Porque necesito acordarme del por qué.
En el bar de los ausentes, las nostalgias brincaban por las mesas a la orden del día. En el rincón bajo un débil foco de luz, un pianista tocaba con sus dedos ágiles y delgados. La pareja entre los escasos clientes guardó silencio escuchando la balada, saboreando el trago entre sus labios y sin decirse nada. Ambos se miraron, los recuerdos de una vida lejana brotaron del subsuelo como vapores de un géiser quemando sus pieles, dejándolos con la carne viva. El hombre se puso de pie y la invitó a bailar estirando su mano hacia ella. La mujer vaciló pero finalmente se la estrechó, desafiante. Danzaron lento, al ritmo que aquel músico les imponía. Sólo él manejaba las historias sucedidas al interior de ese antro.
- ¿Ya te acordaste?- le susurró cerca del oído. Ella negó con la cabeza mientras bailaban. Poco a poco, la cercanía de sus rostros se volvió un beso cadencioso que enmudeció sus pensamientos y reproches. Él acaparó su boca, ella dejó que la ocupara con propiedad. Al separarse se miraron sumidos en una nube de confusión más espesa que el humo de los cigarrillos. La música cambió y esa vez una conocida tonada de Frank Sinatra invadió los oídos. La mujer sonrió.
- Creo que no quiero acordarme esta noche.
- Entonces pediré otra ronda… y seguiremos siendo unos extraños que jamás se lastimaron- nunca antes se había escuchado “Strangers in the night” tan bien como en ese momento.