
Hay quienes engañan y caminan entre la gente con
máscaras, con sonrisas de adorno y abrazos fríos como inviernos largos. Hay
quienes disfrutan de la vida deseando desgracias y miran todo con ojo infame,
indiferente, al igual que un ave carroñera esperando su turno. Hay quienes
obtienen reconocimientos y amistades ciegas por entregar cinco minutos de
lealtad tan ligera como el aire, lealtades de mierda que se ofrecen dos por uno
en las ofertas. Hay quienes no tienen cicatrices ni arañazos en el alma porque
no tienen idea de apostar algo más que sólo palabras. Hay quienes viven de
envidia y malicia y caminan erguidos por la calle recibiendo saludos y
aplausos. Hay quienes no temen destruir ni juzgar porque no es su piel la
que van a linchar, es la de otros. Hay quienes no tienen memoria alguna, que
prefieren olvidar para seguir con la normalidad, con la ficción creada por un
mundo sin tolerancias y, lo que es peor, desechando corazones que sirven
dejándolos tirados por el camino… mientras que por otro lado, hay quienes se retiran
con dignidad y luego escriben en su blog para entender si no pertenecer a ellos
está mal.