
Visité el manantial de mis memorias encontrándote al instante. Tenías tus ojos claros, tan claros como la primera vez que los vi y me sonrieron, es muy difícil hallar a alguien que sonría con la mirada. Y no creas que no he tratado, he buscado hasta el cansancio y aburrida me salpico mejor en la lluvia suave de mis recuerdos. Allí estoy a salvo del mundo, allí estás a salvo de tu mundo.
Me quedo fumando. Te traigo a mi noche fumando, alejando el aroma de la añoranza que me tiene apestada. Y todavía te quiero aquí, y todavía me quiero contigo, y no quiero esperarte porque sé que cuando llegues ya no serás como antes. Serás un papel en blanco en donde deberé reinventarte, escribirte para ensamblar las piezas que tengo de ti y que malditamente me siguen a todas partes.