
Sólo bastan algunas semanas de completo silencio para que se forme un nuevo vocabulario de palabras ausentes, palabras vacías que no tienen vocales ni consonantes. Hay que tener cuidado con las promesas, son compromisos que nadie pide, que nadie exige, tienen el efecto terrible de un boomerang para quien las dice y la de una navaja afilada para quien las cree esperanzadamente, por no decir ciegamente. Hace falta coraje para volver a ser fieles como un niño, nos urge abandonar el photoshop intrínseco que usamos para aparentar todo el tiempo y ser de nuevo auténticos. Prefiero mil veces que alguien se largue de mi lado en silencio que haciendo bulla con juramentos. Me aburre, me da lata. Existen quienes dejan el sentimiento congelado como en una cámara criogénica esperando que se mantenga joven, firme, eterno… esa idea onda Dorian Gray realmente me apesta, porque llegará el fatídico día en que la añoranza envejecerá de golpe y tendré que sacrificarla usando la misma causa de la distancia como arma.