lunes, 4 de octubre de 2010

Buscando una excusa


Te busco como un ciego ávido y perdido. De tu cuerpo aprendí sobre las dimensiones, los aromas y las palabras en tu piel que se leen con el tacto. Eras mi novela desvergonzada, mi canción desesperada de Neruda. ¿Adónde fuiste a parar ahora? ¿Por qué te ahogó mi amor cuando el tuyo me daba la vida? Debes de estar burlándote de mi panza cervecera y las flores marchitas en mi florero. Esas las corté el día que te fuiste y murieron en mis manos en el acto. Las dejé tercamente en agua y lo sigo haciendo todas las mañanas. Maldita esperanza que llevo trepada en mi espalda y si no me cuido, más temprano que tarde de viejo me dará lumbago.

Arranqué de mis ventanas las cortinas que compraste y vi el exterior de un octubre añejado en nubes. Sabía que debía salir más, debía respirar, lavar mi ropa, tomar una ducha, afeitar mi barba y dormir unas horas. Sin embargo, no fui capaz. Me quedé en vela otra vez, de hecho no duermo por las noches buscando una excusa para explicarle a la gente de por qué ya no vamos de la mano, y camino solo como si fuera pecado.

6 comentarios:

Hernán Dardes dijo...

Cómo encontrar palabras para explicarle a los demás lo que no termina de explicarse uno mismo, verdad?

Leticia Hernández dijo...

demaciadas excusas...

Anónimo dijo...

Senti por varios momentos que el narrador era yo.

D.E.

Cuidate mucho !!!

Ondina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ondina dijo...

Aay, qué belleza, amigaaa!! Y la foto que usaste es del metro de la Ciudad de México...borré el comentario anterior porque pensé que era la (mítica) estación Balderas, pero no, por los colores debe ser Sn. Lázaro o Salto del Agua n.n

Un abrazooo!!!!

Donde duele, inspira. dijo...

Precioso!