
En un día como hoy es cuando la pluma y la tinta se hacen escasas. El silencio de mi sala me ayuda a concentrarme pero es el ruido de mi pecho el que se vuelve insoportable. Las palabras escritas ayudan a liberarnos, se agradece la literatura, se agradece escribir sin pensar… sin embargo, te desnudas frente a los demás y se vuelve un arma de doble filo. Escribir un Te amo, bajo cualquier contexto, debería ser mucho más sencillo que decirlo, se supone que una vez aclarado todo se torna honesto, autentico y sin arrepentimientos; pero me he dado cuenta de que eso es mierda pura, como prosas de un escritor ambiguo que no sabe hablar con la verdad. Esas dos palabras, las más hermosas que uno puede decir, pueden destruir más que una palabrota envuelta en odio excesivo.
En un día como hoy es cuando comienzo a extrañar tiempos más simples como ir a la escuela, complicarme con banalidades, esperar esas llamadas telefónicas que estrechan los lazos de amistad y los encuentros furtivos de esos amores adolescentes que te hacen perder el sueño. Hoy todo se remece y queda de cabeza. La línea por la que uno camina se vuelve difusa. Me hace creerme una conductora a la que obligan a bajar del carro para caminar por la calle frente a un policía y demostrar que no está ebria. Hoy de seguro daría tumbos cada dos pasos.
- No debería conducir borracha como está- me diría el oficial. Yo, con mi cara fastidiada y desesperanzada, me encogería de hombros antes de responderle.
- No deberían dejarme conducir del todo. Vivo borracha de la vida y llegará el día inevitable en que la resaca me mandará a dormir eternamente- y justo ahí debería requisarme el vehículo, pero me deja continuar mi camino. En las calles de la vida hay millones de borrachos. Cuidado al cruzar la calle porque hoy soy uno de ellos.