
La barra oblicua se extiende hacia mis costados. Bebo de mi trago sin importarme el ardor que genera en mi garganta, abrasivo, lacerante. La cordura y el sentido del gusto me reclaman por algo más suave pero ignoro y vuelvo a beber. Fumo, aspiro y exhalo el humo grisáceo con largos suspiros. Hablo, le hablo a quien quiera escucharme sobre la vida, el deseo y tarareo una canción idiota sin prisa alguna.
Alguien que me conocía- o tal vez quería- me interrumpió la fiesta. Alejó la copa de mi mano y me sentí como barco a la deriva. Alejaron de mí el ancla a la parranda, a la inconsciencia. Me dijo algo, no recuerdo qué… le respondí algo, imagino que debió ser muy malo… sólo me acuerdo de su mirada lastimada atravesándome la borrachera y no dije más nada. Con paso firme, vi que ese alguien se marchaba.
Esta mañana, la resaca y la incertidumbre me crucifican en la cama. Necesito un café… necesito saber a quién herí ayer...

